• Lic. Ester Kroslak

Miedos Imaginarios

Recuerdo que desde jovencita, si me proponía a hacer algún pedido dudaba y me preguntaba si debía o no hacerlo. Era el miedo haciendo acto de presencia.

Mi mamá, que nunca estudió coaching pero se las sabía todas, me solía decir: el “no” ya lo tenés. Parecería una sentencia nefasta pero en realidad lo que hacía era poner en evidencia que lo que yo quisiera que sucediese no estaba sucediendo en ese momento. En ese momento era “no”, y que sólo después de animarme a dar el paso de hacer el pedido tendría la posibilidad de transformar ese “no” -por ahora implícito – en un “sí”. Y que a fin de cuentas, si no tenía éxito, no perdería nada porque lo peor que podría pasar era salir con lo mismo que ya tenía antes: un “no”, aunque esta vez explícito.


Finalmente y gracias a esa forma de ver las cosas, me atrevía a pedir ese empleo de verano, la beca que me trajo a Corrientes para empezar a estudiar una carrera universitaria y muchas otras cosas.


De más grande pude recordar su consejo cada vez que sentía que lo que yo buscaba se encontraba sólo a una conversación de distancia. Descubrí que los miedos no acechaban sólo a los mas jóvenes. El miedo es también cosa de grandes.


¿Qué es el miedo?

En “El arte de la guerra” Sun Tzu hablaba de la importancia de conocer a nuestros enemigos, por eso lo primero y fundamental es saber de qué se trata.


El miedo es una respuesta biológica natural totalmente sana que se activa en nuestro cerebro cuando percibimos alguna amenaza. Su función principal es ayudarnos a sobrevivir y eso es bueno. El problema surge cuando estas amenazas no son reales pero nos provocan la misma sensación.



El miedo funciona exactamente igual si te ves a un vehículo acercándose a toda velocidad o si el que se acerca es tu jefe, con el que necesitas tener esa conversación para pedirle ese ascenso, o ese aumento de sueldo. A tu cerebro le da igual y lo percibe como una amenaza. Tanto para una amenaza real o imaginaria, nuestro cuerpo responde de tres formas distintas: parálisis, huida y lucha.


¿Y de qué depende que se produzca una u otra respuesta? De nuestra percepción.

Supongamos que nos persigue un animal y ese animal fuese un tigre ¿Cuál de estas tres formas crees que vas a adoptar? ¿Y si fuese un gatito pequeño? Después de evaluar el tamaño de las garras y dientes del felino estaremos en condiciones de decidir si vamos a ser capaces o no de hacerle frente. En el primer caso es muy probable que las respuestas sean parálisis o huida. Creo que coincidiremos en que huida estaría muy recomendada ¿no?, y en el segundo – a menos que realmente no te gusten los gatos – es muy probable que hasta te divierta “luchar” con él. ¿Cuál es la diferencia? Nuestra percepción sobre nuestra


capacidad de hacerles frente.

Lo mismo sucede con las amenazas imaginarias, que son capaces de detonar un montón de pensamientos y creencias que según la persona los sepa gestionar bien o no, pueden ir en uno u otro sentido: podés pensar que podés, que sos capaz y pensar además que si no sale como esperabas no pasa nada, vas a estar bien. O también podés pensar que no vas a ser capaz, que va a salir mal, que vas a fracasar, que te van a criticar, que si

fallás va a ser “el fin del mundo”.


El miedo es un ladrón que nos quita casi todo. ¿No es verdad acaso que hemos tenido sueños, que hemos tenido ganas de hacer cosas muy grandes con nuestras vidas, que hemos sabido que tenemos el talento y la capacidad de volverlos realidad pero no hemos sido capaces de dar un paso al frente? Nos paralizamos y como si fuera poco, nos aturdimos con la tele, el tabaco, las compras y cualquier otra cosa que sirva para distraernos de lo que de verdad queremos de la vida.


Todos tenemos miedo Quisiera poder decirte que hay algo que podés hacer para eliminar esas sensaciones tan desagradables.


Me encantaría poder decirte que podés eliminar ese miedo, pero no es así.

Siempre que estés emprendiendo algo nuevo, siempre que estés dando pasos para avanzar, el miedo va a estar, así que no va a servir de mucho que intentes eliminarlo.

El tema está en ser capaces de avanzar aunque te dé miedo y en poder trabajar en la forma en que estás percibiendo las supuestas amenazas. A veces con sólo tener una mirada distinta, tu realidad cambia y te sentís capaz de enfrentar el desafío.

¿Por qué algunos avanzan y otros no? Todo el mundo siente miedo y todo el mundo tiene pensamientos críticos y negativos sobre sí mismo, incluso las personas más seguras de sí mismas.

Lo que distingue a unas personas de otras es su habilidad para enfrentarse a conseguir lo que quieren conseguir, es su percepción sobre su capacidad para enfrentarse al desafío. Y nótese que no estoy hablando de que se tenga o no capacidad, sino de la percepción sobre tenerla.


A veces la única diferencia entre una persona que habla bien en público y otra que no, es que la primera cree que lo puede hacer bien y que si lo hace mal sabrá reponerse del fracaso. La otra persona piensa que lo va a hacer mal, que lo van a criticar y que ese va a ser el fin del mundo. La única diferencia es la percepción: porque la primera utiliza esa ansiedad y esa sensación de adrenalina para empujarlo hacia su meta y la otra persona la utiliza para paralizarse y huir. En el primer caso, el miedo es un motor y en el segundo un adversario.


Es por eso que al fin y al cabo no es de eliminar el miedo y la ansiedad de lo que se trata, si no de cambiar tu percepción sobre vos mismo y sobre el mundo.

Corrientes, Provincia de Corrientes - Argentina
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