• Lic. Ester Kroslak

Higiene Mental



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La semana pasada, estuvimos hablando de cómo nuestro cerebro activa mecanismos que nos acercan y nos alertan sobre cosas de nuestro interés. Entonces es lógico pensar que de todo aquello que echemos a nuestro cerebro, este nos devolverá más aún. Si nos alimentamos de prensa amarillista, de noticieros que tienen acceso a la frecuencia de radio de la Policía y lo único que informan es sobre muertes, asaltos y hechos de violencia saldremos a la calle con los fusibles en alerta prestos a encontrar más de lo mismo y aunque tengamos la suerte de no encontrarlo, saldremos a la calle sintiendo mucha inseguridad o peor aún, nos privaremos de todo lo que el mundo exterior puede ofrecernos por miedo a lo que pueda ocurrir.

¿Quiere decir esto que debo aislarme del mundo? ¿No ver noticieros? ¿No leer los diarios? De ninguna manera, se trata de no sobreabundar nuestro pobre cerebro con más y más de lo mismo, de tener el buen criterio de elegir un medio informativo que nos cuente cómo va la cosa, pero que tenga un enfoque global, que nos muestre lo malo, pero también lo bueno que pasa en nuestra ciudad para que podamos reconocer que el que camina al lado mío, el que se sienta a mi lado en el colectivo es una persona normal, que tiene sus sueños, que vive su vida lo mejor que puede igual que yo.

Otra clase de basura mental es la que diariamente intentan depositar en nosotros personas frustradas con sus vidas y sus trabajos, perdiendo la paciencia ante cuestiones menores y haciéndonos notar sus descontentos. No es fácil lo que te voy a pedir pero “No le compres lo que la gente te vende”, hay mucha gente que no tiene un propósito claro para su vida y malgasta su tiempo en pequeños dramas que lo mantienen ocupado para no pensar en sus frustraciones.

Dice Bernardo Stamateas en su Libro “Intoxicados por la Fe” “…Si no hay botín, no pelees. Tu motivación tiene que ser tu botín, porque si no hay recompensa no vale la pena pelear”.

Muchas personas pelean batallas sin sentido, que no conducen a nada, con la cajera del supermercado, en el tránsito, con el grupo de madres del Whatsapp, en cualquier circunstancia sin necesidad y sin lograr nada a cambio. Si la cajera del supermercado es malhumorada, no vas a lograr cambiar su carácter con darle algunos consejos de atención al público. Te aseguro que a ella misma no le gusta ser así pero no sabe manejarlo. Si no la vas a cambiar, no te enrosques.

Al señor que sacó la manito por la ventanilla e hizo alguna seña para expresarte su malestar, déjalo ir; que siga su camino y deséale suerte, que es seguro que la necesita. El tránsito no te va a dar la oportunidad de darle una clase de educación vial ni de buenos modales así que déjalo pasar, que lleve sus sentimientos a otro lugar, preferentemente lejos tuyo.

Esa clase de señas y reacciones salen al exterior por una gran cantidad de estrés y probablemente de frustraciones con su vida. No sos vos, es él.


De los hijos también se aprende

Esto se hizo muy evidente en mí un día de invierno en el que como todas las mañanas llevaba a mi hijo más pequeño al colegio. Generalmente soy una conductora paciente y educada pero ese día fue diferente. Iba por el camino enojándome con todo el mundo. Sentía que todos se metían frente a mí, me cortaban el paso y no eran corteses al manejar pero, seamos honestos, eso pasa todos los días. ¡Lo diferente de ese día era yo!

Mi hijo asistía a un colegio en que se utilizan las neurociencias como materia transversal, es un tema que no está muy difundido aún pero no deja de asombrarme los resultados que puedo observar en él. Los docentes eran constantemente capacitados en el tema. Inclusive tenían una materia en la que conocían el funcionamiento del cerebro a fondo. Por eso, mi hijo es capaz de identificar desde muy pequeño las emociones que llevan a expresarnos de cierta manera. Y fue él quien después de un par de episodios me hizo notar – “¡Te levantaste estresada hoy mami!”.

Fue como un baldazo de agua fría caer en la cuenta de que el pequeño tenía razón, que el tránsito es el mismo que ayer y probablemente mañana va a ser igual, la diferente ese día era yo y era mi estrés el que hablaba a través de mi boca.

Y es el estrés el que habla a través de la cajera del banco, del vendedor sin paciencia, del conductor descortés. Sabiendo esto ¿nos vamos a pelear con ellos? Pobres, suficiente tienen con tener que manejar esos sentimientos que los abruman.

La queja constante

Otra basura mental con la que solemos alimentar a nuestro cerebro es la queja. Lo principal de la queja es que se concentra en lo que te falta más que en lo que ya posees. Al contrario de lo que produce el ser agradecido, la queja no te suma sino que te brinda más y más escasez.

Todos nos quejamos de vez en cuando, el tema es no hacer de la queja una constante en tu vida.

Seguro conoces esas personas a las que les preguntas como están y comienzan con la larga lista de sus penas. Al observarlo no parecería tener problemas. Tiene trabajo, una linda familia y los reveses de aquí y de allá que todos tenemos, pero él siente que a él le pasa lo peor del mundo. Y pensándolo bien, aunque así fuese ¿vamos a solucionar nuestros problemas contándolos? Seguramente, si se lo contamos a la persona adecuada podemos llegar a encontrar una solución a nuestros problemas, pero ¿a todo el mundo? ¿Enserio?

Si nuestro cerebro tiene mecanismo para brindarnos más de lo que le estamos “metiendo” ¿De qué te gustaría cargar tu cerebro?


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Corrientes, Provincia de Corrientes - Argentina
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